Este servidor de vosotros, cuyo nombre de pila es Henry nació hace más de treinta años, en un lugar no recóndito. En el día de mi nacimiento, según indican mis padres, no aconteció un magno hecho a nivel local o mundial, ni algún signo misterioso ni en el cielo ni en la tierra. Sin embargo, para la alegría de la familia llegué en el mes de marzo.
Mi nacimiento aconteció en Cusco, una prodigiosa ciudad con un historial de grandeza de los señores inkas . Dicha urbe es una ciudad encaramada en medio de los andes peruanos. Según los cusqueños, se parece a un nido de un condor; según los hombres de ciencia, fue en otro tiempo, un extinto lago. En fin,opto por el nido, pues me remonta a la majestad del cóndor. En todo caso, la describo como una ciudad-pueblo, hallada a más de 3 400 msnm, cerquita al cielo, a un palmo de las estrellas.
Mis abuelos eran entre pobres y acaudalados, entre labriegos y señorones. Mis padres Zenobia y Elmer, eran a su vez gentes patriarcales, muy temerosas de Dios y antes de ser buenos vecinos, amorosos a flor de piel. De ello dan testimonio, los que los conocen, y por supuesto mi corazón.
Gran parte de mi infancia transcurrió en medio de juegos en mi casa, a la que le llamaba con orgullo “mi castillo”, y en él reinaba gustoso y feliz junto con mi fiel escudero, mi mascota de fina estampa, un perro callejero y sencillo, de pila “Chispas”. Juntos íbamos en medio del bullicio de la casa planeando nuestro asalto a la cocina. Los dulces y galletas eran nuestros preciados botines.
Como querían que fuera doctor y lumbrera (especialmente mi papá), me pusieron, desde chico, en cuanto colegio hubo, hasta que fui educado en colegio de varones de más de trecientos años, eso sí con alma franciscana. No me puedo quejar, que me encantaba la lectura. Esta fascinación sutil nació gracias a mi afición a Esopo, sin imaginarlo que después llegaría amar a la literatura con singular pasión, al igual que a la propia novia.
Fue ya en la Universidad, que me di cuenta que había en mí una voz, que no es mi voz, que me llamaba a prestar oído a lo esencial de la vida, que yo interpreto como construir el sentido, desde la simple sonrisa, pasando por el trabajo diario, ser luz en la casa, y ladrón de sonrisas de las personas que uno ama, hasta perseverar en la buena amistad. Pero eso sí, sin abandonar nunca mi nuevo castillo “la biblioteca” que quizá ahora sin la presencia física de mi fiel Chispas, es la fuente de nuevos sueños.
Y a estas alturas de la vida, si bien terminé los estudios de pregrado con buenos méritos, pretendo seguir en este peregrinaje perseverando en el camino de la consecución de la felicidad la mía y la de los demás (claro con su permiso)
Así que aquí me tienen, a vuestro servicio
Henricvs